Trabajando por avanzar en soberanía y una sociedad más igualitaria.

¿Y si empezamos por casa? (II)

El próximo lunes participaré en Nueva Economía Forum y trataré de exponer nuestra visión acerca del momento económico y la política industrial. Llegamos al ecuador de la legislatura y creo que es buen momento para hacer balance, ese será el motivo de mi alocución. Trataré en todo momento de ser ecuánime y constructivo a la hora de realizar un análisis crítico de la primera mitad de la legislatura y exponer la visión que desde nuestro punto de vista debe guiar el futuro.

Partiré para ello de la afirmación con la terminaba la última publicación en este blog: tenemos la casa sin barrer; y terminaré reafirmando nuestra determinación de alcanzar acuerdos de país: acuerdos nacionales, pactos con visión de estado (en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, en lo que a nosotros corresponde), que estamos convencidos y convencidas son la única alternativa razonable desde el punto de vista de los intereses del país en esta coyuntura histórica.

El lehendakari Pradales identifica correctamente esta lógica política en su apelación constante a la unidad europea para hacer frente a la situación de desorden mundial. Sin embargo, su liderazgo en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa no se significa por tratar de tejer acuerdos de país en materias estratégicas cuando cuenta con un parlamento con mayorías cualificadas y un clima político comparativamente favorable como él mismo ha reconocido públicamente. Sus proclamas hacia el exterior no se corresponden con su actuación en esta parte del país.

Y lo cierto es que existen espacios de consenso sobre los que trabajar grandes acuerdos en esta legislatura que están siendo ninguneados cuando no directamente despreciados. Y lo decimos con preocupación porque creemos que todos y todas somos más o menos conscientes de que menospreciar las condiciones políticas que permiten trabajar la unidad de acción en ámbitos estratégicos es un lujo que no está al alcance de este país.

Por la parte que nos toca, queremos reivindicar que EH Bildu suscribió la Ley de Vivienda, el Pacto Social Vasco para la Migración, el Pacto Educativo y la Ley de Transición Energética y Cambio Climático; fomentó un debate monográfico en el Parlamento Vasco el año pasado con el fin de dibujar un suelo común en materia de política industrial y apoyó el endeudamiento de 1.000 millones de euros para el fomento de la industria a través de la alianza financiera. Y estamos convencidos y convencidas de que también es posible definir un suelo compartido en otras materias como la modernización de la administración pública o la política lingüística. Tendrá que llegar el día, también, en el que superemos la fase negacionista y reconozcamos que tenemos un problema en la Ertzantza que exige inevitablemente una gestión compartida.

Incluso podríamos referirnos a la mesa de salud: El relato de los partidos de gobierno es que EH Bildu no quiso estar en el acuerdo. Lo cierto es que EH Bildu avaló, en mayor o menor medida, las dos terceras partes del contenido que debatió la mesa: votamos en contra de ocho ponencias, a favor de 11 y nos abstuvimos en cinco. Viniendo como veníamos de la negación de los problemas de Osakidetza y, teniendo como tienen, tanto el PNV como el PSE, la responsabilidad en su gestión, da la impresión de que se podía haber sido más humilde. Un relato mucho más ponderado hubiera transmitido a la sociedad vasca que se había alcanzado un espacio de entendimiento más o menos sólido sobre el 67% de las materias que afectan a la salud pública y el sistema público de salud y mostrado el compromiso de seguir trabajando en aquellas cuestiones en las que existían posiciones encontradas.

No obstante, se trató de someter el trabajo realizado durante meses sobre 24 ponencias tan diversas y complejas a una sola votación: “estáis o no en el Pacto”. El lehendakari brilló por su ausencia durante todo el proceso después de que lo anunciara como una de las principales iniciativas de la legislatura.

Migración, educación, transición energética, política industrial, modernización de la administración pública, política lingüística, servicios públicos… son debates complejos, sí, a la vez que ámbitos estratégicos en los que este lehendakari tiene la posibilidad, y por lo tanto la responsabilidad, de construir país sobre grandes espacios de acuerdo. Sin embargo, el PNV ha decidido que no quiere ningún acuerdo con EH Bildu, hasta el punto de que prefiere que no haya presupuestos a pactar con la segunda fuerza política del parlamento empatada en escaños con la primera (recuérdese el caso de los presupuestos del ayuntamiento de Gasteiz a principios de año).

Pero, ¿y el lehendakari? ¿Cuál es su posición al respecto? Porque el lehendakari de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa es el lehendakari de todos los vascos y vascas de esta parte del país, y los acuerdos nacionales, no nos vamos a cansar de repetirlo, son la única alternativa posible para quienes ostentan la responsabilidad de trazar el camino del pueblo vasco en una coyuntura histórica tan convulsa como esta. El Aberri Eguna nos debería ayudar a reflexionar sobre ello.

Sin embargo, da la impresión de que el lehendakari rehúye debates complejos y trata de salvaguardar su imagen de aquellas cuestiones que, por su complejidad, no resultan muy rentabilizables políticamente. Por ejemplo, si el Gobierno Vasco decide invertir 40 millones en Ayesa, es el lehendakari quien tiene que explicar al país en primera instancia por qué es Ayesa un proyecto estratégico; es el lehendakari quien tiene que ofrecer argumentos, disipar rumores y dar confianza.

Si los tribunales sentencian reiteradamente en contra del sistema de perfiles lingüísticos y existe una amplísima mayoría en el Parlamento Vasco que no comparte la interpretación que hacen los jueces, el lehendakari no puede inhibirse en un asunto que afecta al conjunto del sistema institucional dando como resultado el bloqueo del debate parlamentario sobre la reforma de la ley de empleo público y la intensificación de un conflicto social que nadie deseamos. El lehendakari debe trabajar las condiciones para que se alcance un acuerdo entre las principales tradiciones políticas representadas en el parlamento. Y no está tomando cartas en el asunto.

Si nadie está tan despistado como para no darse cuenta de lo mucho que este país se juega en los siguientes años en la gestión que haga de la inmigración, convendremos en que el lehendakari debería liderar el desarrollo del Pacto Social Vasco para la Migración y en ningún caso aceptar actuaciones unilaterales (tampoco por parte de su propio partido) en el momento en el que toca, precisamente, construir una política migratoria de país sobre ese suelo de consenso. Y siento decirlo, no lo está haciendo.

Si las propias publicaciones del Gobierno Vasco señalan que se puede cuestionar si disponemos realmente de competencias exclusivas y es tan evidente que requerimos de un nuevo fondo de poder y garantías de blindaje para afrontar los retos del siglo XXI, ante lo que él mismo considera una ventana de oportunidad, el lehendakari debería arriesgar su capital político en el empeño de dimensionar y dar centralidad al debate del nuevo estatus político. Sin embargo, la agenda del Gobierno Vasco está centrada en las transferencias pendientes de un estatuto erosionado y estratégicamente lastrado.

En la última ocasión en la que acudí a Nueva Economía Forum dije que el pragmatismo nos debe llevar a centrar nuestra mirada y nuestras energías en el país. Que siendo honestos, las instituciones vascas no van a influir significativamente en la política europea en este momento de crisis política tan acusada, y que tenemos que centrarnos en aquello que sí está a nuestro alcance; que la mirada tiene que ser hacia dentro para tratar de sacar lo mejor de este país en el peor de los escenarios posibles. Me reafirmo en lo dicho entonces. Empecemos por casa.

Burujabetzan aurrera egin eta gizarte berdinzaleago baten alde lanean.

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